lunes, 13 de octubre de 2008

EL CINE SONORO Y A COLOR

El cine sonoro
En 1926 la productora
Warner Brothers introdujo el primer sistema sonoro eficaz, conocido como Vitaphone, consistente en la grabación de las bandas sonoras musicales y los textos hablados en grandes discos que se sincronizaban con la acción de la pantalla. En 1927, la Warner lanzó El cantante de jazz, de Alan Crosland, la primera película sonora, protagonizada por el showman de origen ruso Al Jolson, que alcanzó un éxito inmediato e inesperado entre el público. Su slogan, sacado del texto de la película “aún no has oído nada”, señaló el final de la era muda.

Hacia 1931 el sistema Vitaphone había sido superado por el Movietone, que grababa el sonido directamente en la película, en una banda lateral. Este proceso, inventado por Lee de Forest, se convirtió en el estándar.
La transición del cine mudo al sonoro fue tan rápida que muchas películas distribuidas entre 1928 y 1929, que habían comenzado su proceso de producción como mudas, fueron sonorizadas después para adecuarse a la demanda. Pero el público pronto se cansó de los diálogos monótonos y de las situaciones estáticas de estas películas, en las que un grupo de actores se situaba cerca de un micrófono fijo.

Tales problemas se solucionaron en los inicios de la década de 1930, cuando en varios países un grupo de directores de cine tuvieron la imaginación necesaria para usar el nuevo medio de forma más creativa, liberando el micrófono de su estatismo para restablecer un sentido fluido del cine y descubrir las ventajas de la postsincronización (el doblaje, los efectos sala y la sonorización en general que sigue al montaje), que permitía la manipulación del sonido y de la música una vez rodada y montada la película. Los guionistas Ben Hecht, Dudley Nichols y Robert Riskin comenzaron a inventarse diálogos especialmente elaborados para la pantalla, a los que se despojaba de todo lo que no fuera esencial para que sirvieran a la acción en vez de estorbarla. El estilo periodístico rapidísimo que Hecht preparó para Un gran reportaje (1931), de Lewis Milestone, contrasta con las ingeniosas réplicas que escribiría para la obra de Lubitsch Una mujer para dos (1933).

Las películas de gánsteres y musicales dominarían la pantalla a comienzos de 1930. El éxito de Hampa dorada (1930), de Mervyn LeRoy, hizo una estrella de Edward G. Robinson. Películas como El enemigo público número 1 (1934), de W. S. Van Dyke, o Scarface, el terror del hampa (1932), de Howard Hawks, dieron dinamismo, vigor y realismo a la pantalla, como los musicales y las comedias estrafalarias que parecían mostrar una actitud inconformista ante la vida. El éxito del musical de la Warner La calle 42 (1933), de Lloyd Bacon y Busby Berkeley, inició una tendencia a producir películas de baile, con coreografías magistrales de Berkeley. Éstas darían paso a musicales más intimistas, como los de Fred Astaire y Ginger Rogers, como Sombrero de copa (1935), de Mark Sandrich, y Swing time (1936), de George Stevens. Los cómicos populares, como W. C. Fields, los Hermanos Marx, Mae West y Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco), crearon al tiempo mundos cómicos distintos y personales con los que el público de cada uno de ellos se identificaba. Por entonces, gran parte de la violencia y la carga sexual de las primeras películas de gánsteres y de las comedias musicales fue reducida por la influencia de la Legión Católica para la Decencia y la creciente fuerza de las leyes de la censura de 1934.

El cine a color
Desde sus comienzos el cine intentó llegar al color. Al principio, ya en 1896, se pintaban a mano, fotograma a fotograma se coloreaban manualmente, a veces con cuatro colores distintos. La tarea era ardua por el tamaño reducido de los fotogramas y porque una película normal, de menos de un minuto empleaba unos mil fotogramas. Ya en 1905, en Francia, Pathé acopló al proceso de coloreado medios mecánicos, por un laborioso sistema en el que, a cuatro copias originales, una por cada color, les hacía recortes, una especie de plantilla. Más tarde coloreaba por medio de pinceles giratorios las áreas recortadas. Pintando así podían hacer cuantas copias quisieran. Este sistema de coloreado se utilizó en contadas ocasiones hasta 1930.

En general se utilizaban sistemas menos complejos, dando baños de color a secciones del filme, reflejando estados de ánimo o situaciones de luz. Así se pintaba azul si la escena sucedía de noche, amarillo si era de día o rojo cuando había fuego.

Los avances más importantes y definitivos se lograron utilizando los descubrimientos de la fotografía en color, basados en la teoría de J. C. Maxwell (1871). Mediante la mezcla adecuada de rojos, azules y verdes se podían reproducir todos los demás colores. Era necesario superponer fotografías (roja, azul y verde) y proyectarlas mediante tres lámparas sobre una sola pantalla. En su comienzo, este método se aplicó utilizando solamente dos colores, el Kinemacolor (G. A. Smith, 1906). Este método consistía en ir exponiendo fotogramas sucesivos de una película alternativamente por filtros rojos y verdes, sujetos a un disco rotatorio situado delante de la película.

La reproducción a tres colores, Chronochrome, lo hizo la casa Gaumont en 1912. Utilizando tres objetivos se fotografiaba simultáneamente al sujeto a través de filtros rojo, azul y verde. Así mismo ese proyectaban en la pantalla Un procedimiento británico (Dufaycolor) en 1931 logró superar este problema incorporando los filtros rojo, azul y verde a la propia película.

Hasta este momento todos los procedimientos que se utilizaron para la fotografía en color se pueden considerar aditivos, pues añadían color. Procedimientos alternativos de fotografía en color basados en el principio de sustraer, no de añadir, lograron superar los problemas. Consistía en obtener tres negativos, que registraban respectivamente los tonos rojos, azules y verdes de la escena. Dichos negativos se utilizaban luego para tirar tres positivos transparentes, de color cian (verde azulado), magenta (rojo violeta) y amarillo respectivamente. Como estos colores eran complementarios de los utilizados en la escena, tenían la misión de controlar la intensidad de los colores primarios que llegaban a la pantalla.

Por dificultades técnicas el revelado sustractivo se hacía al principio también solamente mediante un proceso de reproducción bicromático. El primer procedimiento se llamó Cinecolorgraph (1912). Posteriormente, ya en los cuarenta años siguientes se sucedieron otros procedimientos, Kodachrome (1915), Prizma Color (1919), Polychromide (1918), Multicolor (1928), Ufacolor (1930), Cinecolor (1932) y Trucolor (1946).

Todos estos sistemas fueron decepcionantes. La verdadera introducción al color en el cine la hizo la compañía Technicolor, que mediante emulsiones consiguió producir bicromáticamente en un método mucho más sencillo. La emulsión se hacía en dos películas que se pegaban una a otra produciendo por un lado, en una especie de gelatina los colores rojo-anaranjados y por otro los verdes La primera película fue The Toll of the Sea (1922). Es de destacar Los diez mandamientos (The Ten Commandiments, 1923), Ben-Hur (Niblo, 1924), y otras.

El Technicolor
Hacia 1932 el Technicolor se había perfeccionado, al lograr una película que no exigía pegar juntas las imágenes, sino que absorbía todos los colores, mediante un sistema de tres colores (verde, rojo y azul). Fue empleado por vez primera en el corto animado de Disney, Sinfonías tontas: Flores y árboles en 1932. La película La feria de la vanidad (1935), de Rouben Mamoulian, adaptación de la novela de William Maquetease Thackeray, fue la primera cinta a color en technicolor pero el resultado poco realista le significó malas críticas.

No obstante el boom que debiera suponer el color en el cine, los estudios se mantenían al margen del technicolor, continuando con sus filmaciones en blanco y negro, debido al alto costo que dicho sistema implicaba (producir a color era 50% mas caro que en blanco y negro): Robin de los Bosques (The Adventures of Robin Hood, 1938), segundo filme a color, costó más de un millón y medio de dólares, en su mayor parte en escenarios naturales. La película no tuvo éxito, lo que hizo temer a los productores.


La MGM corrió sus riesgos y en 1939 lanza El Mago de Oz y Lo que el viento se llevó, ambas de Victor Fleming, dando a conocer masivamente el technicolor. Cabe señalar que la primera no logró recuperar la inversión. Sin embargo, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el material se encarece incluso más y los productores se mantendrían fieles al blanco y negro.








El mismo escenario se vería repetido en todo el mundo. En Inglaterra, la industria del cine en color, que había producido varias películas de éxito, Las cuatro plumas (The Four Feathers, 1939), y El ladrón de Bagdag (1940), de Alexander Korda, se paraliza durante la guerra y la mayoría de los directores volvieron al blanco y negro.

No es sino hasta principios de los años 50, cuando la competencia ejercida por el televisor empuja a la industria fílmica a renovarse con el color.

La popularidad del color aumentó sobre todo en una serie de musicales clásicos de la MGM (Metro Goldwyn Mayer), entre los que destaca Easter Parade (Desfile de Pascua, 1948), de Charles Walters. En la década de 1950 el uso del color se generalizó tanto que prácticamente el blanco y negro quedó relegado para películas de bajo presupuesto o de corte artístico.

El Cinemascope
Pese a los esfuerzos de las grandes productoras, la televisión logró mermar en la audiencia: de unos 85 millones de espectadores anuales en Estados Unidos durante la guerra a apenas alcanzó los 45 millones a finales de la década de 1950. La industria respondió ofreciendo más espectáculo, que se concretó en el mayor tamaño de las pantallas. En 1953, la Twentieth Century Fox estrenó su película bíblica La túnica sagrada, de Henry Koster, en un sistema nuevo denominado CinemaScope, que inició la revolución de los formatos panorámicos. En una sucesión rápida, todos los estudios lanzaron sus sistemas panorámicos, tales como el Vistavisión, Todd-AO, Panavisión, SuperScope y Technirama. De todos ellos sólo el Todd-AO y el Panavisión sobrevivirían, ya que suponían el uso de una sola cámara, un solo proyector y película estándar de 35 mm, adaptándose más fácilmente a todos los sistemas; su éxito cambió definitivamente la forma de las pantallas de cine. Musicales a todo color, en pantallas anchas y plagados de estrellas, como Ha nacido una estrella (1954), de George Cukor, u Oklahoma (1955), de Fred Zinnemann, superproducciones históricas como Ben-Hur (1959), de William Wyler, y películas de aventuras como Rebelión a bordo (1962), de Lewis Milestone, o Doctor Zhivago (1965), de David Lean, llenarían las pantallas de cine.

1 comentario:

LIAM PAYNE dijo...

lo que quería era saber el lugar donde sucedió y ni una parte hablaba sobre eso